Fargo: nieve y charada

junio 19, 2014

Un paleto de pueblo en mitad de una ventisca y totalmente tomado por el miedo acaba de descubrir la escena de un crimen imposible de comprender. Hay un hombre muerto en mitad de la nieve, y nuestro paleto, que cree oír movimientos humanos por encima del ruido del viento, se deja llevar por el pánico y dispara a ciegas. Le da al blanco, al de la nieve y al humano, pero eso sí, bien haya sido uno de los buenos o de los malos, bien haya aniquilado o simplemente herido de gravedad al objetivo, será un suceso de enorme trascendencia en el orden de acontecimientos que a este hecho le seguirá. Esta simbólica acción a ciegas en mitad del desconcierto y del miedo no es la primera que ocurre en Fargo. Si algo parece caracterizar a esta serie es que las cosas ocurren, para bien o para mal, por unos personajes que aparentan no saber en todo momento muy bien lo que está ocurriendo pero una cosa está clara: las cosas nunca habían sido tan complicadas en Bemidji, Minnesota.

Cada vez que comienza un capítulo en Fargo, esta serie producida y bendecida por los propios hermanos Coen tras varias tentativas previas de crear una secuela (una que diese respuesta a los periplos que pudo vivir aquel McGuffin preñado de dinero), unos emblemáticos rótulos aparecen en pantalla superpuestos a la acción que se arranca y que nos deja en el punto de mira de las consecuencias que se han cobrado las acciones que estos pobres diablos han ido eligiendo en el capítulo anterior: “This is a true story. The events depicted took place in Minnesota in 2006. At the request of the survivors, the names has been changed. Out of respect for the dead, the rest has been told exactly as it ocurred”. Unos rótulos tan necesarios como aquel golpe de realidad que nos espetaba en el aviso que Michael Bay implantó a mitad de metraje en Dolor y Dinero para que entendiésemos que las increíbles imágenes de estupidez que estaban teniendo lugar no habían sido fruto de la imaginación de un par de guionistas agudos. Más o menos lo mismo pasaba al comienzo de Magnolia con el intento de suicidio más asesinato, fallido y exitoso a la vez, fruto de ese tipo de convergencia de múltiples casualidades que casi nos hacen creer en el poder los astros. Y es cierto, estos personajes tan coenianos como los de la aclamada obra culmen que reinventó el thriller noir allá por el 96 por parte del dúo judío, viven inmersos en una vorágine de acciones enormemente difíciles de creer, pero también que comparten la trampa como excusa para generar una ficción nueva y más potente: los rótulos eran verdad en espíritu, pero sobre unos hechos que son embuste. Nada de esto ocurrió, al menos de una manera literal, en la realidad de Minnesota. Hacías bien en no creértelo, pero ay, el momento de duda.

Como cualquiera que sea informado de la premisa adoptará razonablemente una postura de desconfianza antes de acercarse a Fargo. Otro producto a remolque del éxito de una obra anterior, ya con halo de culto y cuyo interés previo parece desencajar por completo en ese medio nuevo al que se le quiere transplantar. Por suerte, esto de la crisis del guión a veces es sólo un estereotipo, y la originalidad sabe inmiscuírsele al referente principal con inteligencia. A veces el remake se independiza y Noah Hawley, el showrunner de Bones y también de la modesta The Unusuals, es nuestro hombre y FX nuestra estación amiga. En Fargo tendrás a Allison Tolman, personaje equiparable al de Frances McDormand en la anterior película y nuevo rostro que, esperemos, podamos seguir reconociendo en futuras ficciones. Tenemos también a un Martin Freeman con acento flanderiano, haciendo de William H. Macy pero en más enjuto y mezquinamente malvado y que entre otras cosas aparece por arte de guión pertrechando el mejor hate-fuck que jamás interpretará en lo que le queda de carrera. Aunque si del trío de protagonistas debiéramos quedarnos con uno (cada secundario tiene también sus propias subtramas de gloria) es con el Billy Bob Thornton, el más atractivo psicópata de lo que va en la parrilla de series que está siendo este 2014 (lo sentimos, Lorraine Toussaint, tu Vee Parker de Orange is The New Black se queda esta vez en el segundo puesto) y que logra gracias a los ecos reminiscentes de su rol como extraordinario barbero en El Hombre que Nunca Estuvo Allí (y en la serie hay nuevos pelos horribles, doble combo), también de los hermanos judíos, devolvernos su mirada astuta y placenteramente descarnada. Los habitantes de Fargo son, también, hombres que se hacen preguntas. La paradoja del barbero, el Asno de Buridán, Los Ciegos y El Elefante, la paradoja sorite… Charadas, accidentes filosóficos que dan título a los episodios, dosificados a lo largo de la ficción, para despertar en el espectador la mirada profunda sobre lo que está viendo al tiempo que comprendemos la hermosa ironía del múltiple cruce de intercambios de información, de quién sabe la respuesta y comenta el acertijo al compañero que no alcanza a vislumbrar esa respuesta mientras al siguiente capitulo la situación puede invertirse.

Pero el elemento que más atrae no es su elenco, sino su pasión por mostrarnos la sublime belleza del funcionamiento de las comunidades cuyos miembros tienen a la estupidez por su soberana. ¿A quién no lo parecería lógico que en un sitio donde las bajas temperaturas pueden llevar a la congelación del humor acuoso de tus ojos las mentes de sus habitantes terminen desviándose del juicio razonable? En cualquier caso, este ecosistema enrarecido hace fermentar una comedia de enredos, con asesinatos en vez de amoríos, de efectos más sorprendentes que complejos, y cuyos caricaturescos personajes funcionan ajenos al demiurgo, pues, los habitantes de la Minessota de Fargo (en palabras de los Coen, un lugar que es “como Siberia pero con más restaurantes de tipo familiar”) hacen elecciones todo el tiempo pensando que son muy inteligentes y que gracias a su ingenio van a librarse, esta vez sí, del negruzco futuro que a todos ellos ya se les está apareciendo en consecuencia a sus infortunados desmanes. La incompetencia, más que el amor, mueve montañas y otra vez, reconocemos el placer que suscita en el espectador la posición privilegiada de los hechos, podemos frotarnos las manos ante lo que serán horas de pura seducción y adicción. Un momento… ¿O tal vez estamos siendo nosotros también engañados?

La serie, que comienza recordándonos el episodio que dio vida los Coen en la película, no tarda ni media hora en el piloto para empezar a ir por otros derroteros, para esconder sospechas debajo de cada sintaxis que se verbaliza (intenta cazar todos los guiños) y de cada item que entra en acción (el maletín de dinero, la policía embarazada, la sangre en la nieve) para hacernos ver que los asideros a los que nos adherimos no tienen nada de sólidos. Si ya levantábamos la ceja para el cuarto episodio, de repente llega ese momento concreto del capítulo 9 donde unos de los personajes se hace un Zodiac para descorrernos el velo con el que habían estado cubriendo el hecho de si se trataba de una relectura, una precuela o qué demonios. En resumen, Hawley comenta que “me encargaron crear una adaptación de la película sin que ninguno de los elementos de la película apareciese realmente en la serie”. Y por eso ni el millón de filtros que le pongas a la red para no enterarte de qué ocurrirá en el próximo episodio de Juego de Tronos puede compararse con la historia original o, al menos, la libre adaptación de series como esta, más intrigante sobre una obra de ficción que definitivamente sabes está danzando con la fuente del texto, más que mimetizarla, confiriéndonos el privilegio de dejar que la historia previa resuene dentro de nosotros mientras todavía podemos sorprendernos con cada nuevo giro que se sale del guión original, o con cada nuevo momento de la historia que retoma, por otros vericuetos y sin habernos podido anticipar, su cauce. ¿Es una precuela, una secuela, un spin-off o todo ello a la vez? Como con otras dos de las series de mejor salud narrativa de los últimos tiempos, la antológica Fargo puede equiparar fórmula y también competir en grado de calidad y salud catódica con True Detective y American Horror Story. Para la segunda temporada ya nos han confirmado nuevas realidades de alegorías y disgresiones, de sangre y tedio atrofiador en ese paisaje. Adoremos por siempre ese vacio y preñado (ruido) blanco del medio Oeste.

Nos vamos, no sin antes dejaros por aquí el recopilatorio completo que hemos hecho de la florida banda sonora de Fargo. Gospel funk, rock psicodélico, folk americano y hasta downtempo. Pastiche para todos los gustos y para gustarle a todos.

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