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Louie: el buen sexista

abril 25, 2014

Las predicciones en base a las estadísticas sacadas de los últimos censos demuestran que, para el 2043 en Norteamérica, los blancos dejarán de ser la mayoría. Esto no sólo quiere decir que la inmigración de otras razas (qué palabra más fea) haya aumentado, ni sólo que se hayan quedado para tener a sus hijos. Esto también habla del mestizaje que se produce y aumentará progresivamente entre las distintas razas que conviven a día de hoy en este país. Es decir, esto expresa otro paso adelante en la normalización entre las personas de diferentes culturas. Un paso adelante en materia de racismo. Muy ligado a esto también observamos recientemente las demografías del voto en las elecciones de 2012. El obamismo se convirtió, al menos al principio, en un símbolo del progreso social, y decisivo para esto fue el voto de los inmigrante y de las mujeres. Sin embargo, 2043 todavía está aún bastante lejos, y los blancos, aunque en recesión, siguen siendo mayoría. Ellos y sus costumbres. Ellos y sus cuotas de poder.

Louis Szekely, hijo de un mejicano de ascendencia húngara judía y una estadounidense de origen irlandés ha vivido toda su vida en america. Es uno de ellos, un hombre blanco, heterosexual, americano de pleno derecho, pero también uno de los otros, un hijo mestizo de quienes en algún momento fueron inmigrantes. Esta dualidad se extiende también a su obra, no sólo porque se exponga subterráneamente a los temas de los que habla, que no son otros que sus vivencias, sino en forma de alta y baja cultura, una combinación de registros y golpes ocurrentes y una jerga barriobajera que, siendo este el mejor conductor de los temas de los que habla (ingenios políticamente incorrectos de destilado sutil), explica en parte la gran popularidad de este portentoso cómico.

Louie es la última serie autoral del comic’s comic Louis C. K. En sus series también mantiene ese estilo entre vulgar e ingenioso que le caracteriza en sus monólogos. Aunque siempre manteniene el furor temático y la autoparodia a ratos consigue trascender en las mecánicas humorísticas (con una tendencia a la hipérbole y el falso absurdo) y en otras (donde mejor funciona) encaja con estilo esa expiación pública que parece querernos encasquetar, como golosina y como pena, para hacernos sentir el juicio de quien realmente no está en la mejor disposición para hacerlo. Esta dinámica, que ha mantenido en todas sus obras con mayor o menor acierto tiene en esta nueva aventura su mejor manifestación. Lo que repelía en Lucky Louie, una falsa sitcom que metía en el contenido un material deformante del continente con, hay que admitirlo, una puesta en escena bastante limitada, triunfa con Louie al acercarnos al insigne narcisista rey de los mediocres que es realmente el cómico. Se despoja de la seguridad de una ficción mal disimulada para ir un paso más allá y mostrar en la no ficción quién realmente es: un ser mezquino. Un ser mezquino necesario.

En Louie se forma una correlación entre los chistes en sus shows, que aparecen generalmente al principio de cada episodio, con la propia trama del mismo (sí, igual que en Seinfield), y aunque en un primer momento no parezcan tener nada que ver (por lo simple de las premisas: desamor, decrepitud, paternidad) se va conformando un ámbito transversal que los une, y este, generalmente, tiene que ver con el hombre crítico con la sociedad con el hombre que desea y que desea tener poder. Veamos algunos ejemplos:

1.

Cuando Louie se aburre llama a una ex-compañera del colegio con la que flirteó infructuosamente en su momento. A día de hoy es una mujer obesa y bastante desmejorada con respecto a aquel recuerdo que tenía de ella. El punto de vista, que es el de Louie (personaje, guionista, director, cuerpo viviente) nos hace notar ese cambio. Y a pesar de ser una indeseada él se lía con ella. ¿Porque está bien superar la barrera del asco visual en el momento en el que lo sexual es pura experimentación física? ¿Porque hay que querer a las personas por su interior? La pista nos la cruzará en un talk show unos capítulos más adelante: El hombre, cuando madura, no tiene que hacer nada por conseguir un ligue. Ellas, con la edad, bajarán las expectativas. Se lía con ella porque puede. Se lía con ella porque tiene el poder.

Pero no todo en Louie es dominio. Louie sabe que esa mujer se siente fea. Ella misma se lo ha dicho antes: “Tenía un buen tipo, ¿eh? Luego, bueno, vinieron lo niños y… en fin, esto es lo que hay”. Nuestro protagonista también es un alma filántropa, bondadosa. Él parece ver la belleza reminiscente del pasado. Sabrá superar las condiciones actuales para poder ver en su interior a la niña hermosa del pasado. Se lía con ella, en realidad, por hacerle un favor, a esta mujer y al mundo. Louie es bondad pura.

2.

Para la tercera temporada ya estamos acostumbrados a ver que sus rollos más que esporádicos se miden con cuentagotas. Sus amigos, en un intento de ayudarle, le montan una cita-encerrona donde conocerá a Laurie, una mujer adulta y cansada de la vida (igual que Louie) y que tampoco cree en la posibilidad de volver a amar (ni siquiera de intentarlo). Una vez se encuentran unidos en la condena que ambos le profesan a lo que los amigos comunes han intentado con ellos se van a un bar e intiman. Las cosas finalmente salen bien y, cuando se encuentran debatiendo sobre las puritanas convenciones sociales (además de bastante borrachos) ella termina por hacerle una mamada. Sin ternura ni exaltación, una mamada que es mero trámite. Muy amablemente al terminar Louie le da las gracias, pero entonces ella demanda reciprocidad. Le está pidiendo su parte, a lo que Louie alega que no le apetece. Que lo que ella ha hecho ha sido un acto voluntario y que no se puede esperar nada a cambio. El enfado de Laurie es considerable, y el dilema interesante. Louie tiene razón, no puedes esperar compensación de un acto sexual libre y voluntaria, pero la costumbre, el pacto no escrito es que debes ser generoso, más cuando es alguien con quien no tienes confianza. Lo que Louie está ocultando es que no le apetece. Y si en otras ocasiones no le hemos visto rechazar prácticas sexuales activas con otras atractivas mujeres incluso en la primera cita… ¿tal vez sea porque Laurie, sin llegar a ser fea, no es exactamente una belleza? ¿o es porque él ya se ha corrido y es ahí donde termina el cortejo y las buenas maneras? ¿Simplemente no le apetecía en ese momento como podría pasarle a cualquiera de nosotros? No se nos ofrece la respuesta, dejando la misma en la zona gris de nuestra mente.

3.

En una cita con la atractiva Sandra (la misma actriz que dos episodios más adelante hará, flashback mediante, de madre de Louie) nuestro protagonista acabará viviendo una pesadilla en vida a través de la irrupción, en el mejor momento del encuentro, de unos adolescentes machacones que amenazarán con pegar a Louie. Cuando este opta por la humillación para librarse del combate, la mujer le dirá que una parte de su cerebro le dice que él no es una buena opción con la que copular. Que ha sido débil. Que es pusilánime. Fin de la cita. A continuación Louie decide seguir a uno de los adolescentes hasta su casa en State Island. Entonces Louie entrará en su casa para contarle a sus padres lo ocurrido, lo que trae como consecuencia que el padre golpee a su hijo, ante lo que Louie, horrorizado, le dice que ahora entiende por qué su hijo ha actuado de esa manera, que en ese clima de violencia sólo generarán más de lo mismo. Entonces la madre le echará de casa gritándole “¡Vuelve a Nueva York jodido maricón seguidor de Obama!”.

4.

Un par de capítulos después de esto Louie tiene más ímpetu y suerte. Sus hijas le han hablado del novio de mamá, y le preguntan a él que cuándo va a echarse una nueva novia. Con esa presión sale a la calle, literalmente, a buscarse una nueva novia. Tras un par de descartes se fija en la dependienta de una librería a la que entra por azar, y empieza a flirtear con ella bajo el pretexto de unos libros para su creativa hija. En un arranque de valentía en el quinto episodio de la última temporada le comunica todo el catálogo de proyecciones y deseos que ha hecho en su cabeza hacia ella, a lo que la dependienta (no sabremos su nombre hasta el final del capítulo de la cita) le responde positivamente, diciéndole que por qué no la va a buscar al final de esa jornada.

Lo que vemos en el resto del episodio es el uso y abuso del tropo Manic Pixie Dream Girl, con ella sirviéndole de pizpireta alocada y despistada. Con ella forzándole a hacer cosas nuevas e inspiradoras. Con ella contándole todas sus miserias sin darle importancia, manteniendo su dulce sonrisa. Con ella intentando arreglarle un poco la vida. El capítulo, si bien no surrealista es increible, casi manteniendo la duda de si ella es real o todo esto es sólo un sueño, a modo de anhelo de Louie por encontrar a la chica (im)perfecta que le saque de la depresión vital o por lo menos de la crisis de los 40.

Pero eso es Louie: honestidad por encima de todas las cosas en un terreno de juego que traslada la realidad a la visión de una realidad ideal según su escala de valores. Sí, el ingrediente clave para explicar la frescura de su fórmula es la de ser capaz de criticarse a sí mismo por sucumbir a las trampas de la sociedad estadounidense, de sus privilegios como varón blanco, de saberse beneficiado por los mecanismos de la sociedad y la vulgaridad de sus actos voluntarios finales dentro de ella. Porque si lo personal es político y si en las situaciones de la serie se juega a exponer las relaciones de poder simbólico que implican esos mismos escenarios en el mundo real, eso mismo ve Louie C. K. (personaje y persona) doblemente, con su trabajo y con su día a día, como un feedback infinito en el que cualquier conducta normalizada debe ser vista con escepticismo y crítica. De la seriedad de algunos temas y del fracaso con que él los afronta que sea imposible que funcione siempre la comedia.

Olvidándonos un poco de la comedia y la política: la fantasía y la realidad también se encuentran como tema la obra. Recuerdos del pasado, cámara subjetiva, secuencias oníricas y surrealistas no necesariamente simultáneas… gracias a volver cada vez más compleja su voz autoral, llevando a cabo un sagaz y cómico juego de identidades en el que su personaje y su superyó funcionan como el anverso y el reverso de una misma moneda. Dentro de todo este enmarañamiento metafísico, al mismo tiempo, cada episodio se va haciendo más autoconclusivo, como un tropo único que puede ser tomado por sí mismo como valor unitario. No por ello dejan de funcionar el conjunto las temporadas por separado, como un todo, porque aunque a lo largo de las tres temporadas que lleva la serie vemos cómo se va complicando la trama, cómo las conexiones cada vez parecen más difíciles, menos predecibles y más derivativas… todo está totalmente justificado: es el camino del análisis a uno mismo. La autoexploración sólo nos llevará a la f(r)a(c)talidad.

Esto tiene que ver con lo que vemos en el video de ahí arriba. En él, como él mismo expresa y tomando como referencia lo que le dijo George Carlin pretende tejer un humor extraído de sus vivencias personales. Por ello, sí, en todo momento nuevas y frescas, pero también por ello más reales, cercanas, verídicas. Debe bajar escalones hacia sí mismo sin clemencia. Más que un humor sobre la vida la vida en clave de humor.

Por ahí andan entusiasmados hablando de su libertad creativa, de ser la sucesora digna de Curb Your Entusiasm, de ser una derivación cómica de la sustancia lynchiana, de ser el refinamiento absoluto de la comedia de arte y ensayo newyorkina. John Malkovich en Cómo ser John Malkovich también está ahí, o mirando más lejos con el Jerry Lewis de El botones (más todavía, los filmes de W.C. Fields) Pero en el caso de este característico show de C.K es el cómico el que lucha, igual que lo debe hacer en la vida real, por darle sentido a las cosas. Una serie que habla del matrimonio, la familia, la religión, las relaciones entre sexos, la madurez y la muerte en clave tragicómica, que parece hacer fácil tratar con temas tremendamente complicados y que además de darnos episodios hilarantes nos servirá como fuente de ejemplos pedagógicos de diversas circunstancias sobre el sexismo, el racismo, la diferencia de clases y cómo actuamos o dejamos de hacerlo con respecto a ello, con nuestras mezquindades, con nuestra miseria moral. Nuevas aventuras para la cuarta temporada, que comenzará a emitirse en Estados Unidos a través de FX el próximo 5 de mayo y que, desde aquí, esperamos con ganas.

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