Otoño. Interior. Día.

noviembre 14, 2014

Por increíble que parezca, ya estamos más cerca del final que del principio de este otoño. Sin saber muy bien cómo ha pasado se ha estrechado el tiempo de languidez y chaquetas, de encierros introspectivos, de la estufa del escritorio. No pasa nada: siempre hay cosas por consumir, siempre es momento de enmudecer un poco más. Y para eso, una selección de recomendaciones de cine, documentales, cómics, libros, videojuegos y música. Será por variedad:

La Distancia: dicen que, con los resultados de La Distancia, directores de lo bizarro como Apichatpong Weerasethakul o Lucio Fontana estarían orgullosos del español Sergio Caballero, quien dirigió previamente la más accesible Finisterrae. Dicen que esta película sobre la aventura entendida como el arte de recorrer magnitudes de escala sabe jugar con el ritmo y el marco, que hay angustia y euforia. Entusiasmó en el Sonar y gustó moderadamente en Sitges, sobre todo entre aquellos espectadores menos intransigentes con lo que se escapa al género (en fin, al espectador tipo de El Prado). Como mínimo, es una heist movie sobre enanos paseando por una central térmica en Siberia que se comunican por telepatía y están obsesionados con la memorabilia soviética. Tiene un 3.9 en Filmaffinity. A una película con esta sinopsis no le pedíamos otra cosa.

Mr Turner: a veces sucede que la opinión sobre una película muta, y este es mi caso sobre lo nuevo de Mike Leigh, ya que no la vi en las condiciones más propicias (en Cannes el nivel de lo proyectado es tan alto que se hace difícil mantener un criterio ajustado a la realidad cinéfila en términos globales, aún con más motivos si el pase es a las 8 de la mañana y la noche anterior has dormido cinco horas). Biopic expresivo (no cuenta sino que representa, no plasma los hechos sino que los traduce al código narrativo fílmico) de uno de los pintores británicos más importantes, excéntricos y, añadiría, repugnantes de la historia. El eco de los gruñidos cuinos proferidos por Timothy Spall y su padre aún resuenan en mi cabeza. La belleza que ese animal veía y plasmaba en pinceladas que traspasan lo material, también.

Hombres, Mujeres y Niños: nos interesa, sobre todo, por ser lo nuevo de Jason Reitman, director de las maravillosas Gracias por fumar, Up in the Air y Young Adult (también de la nefasta Juno)… y se ha llevado unos palos tremendos a nivel de crítica y de recaudación en Estados Unidos. Un drama familiar sobre las nuevas problemáticas en nuestras relaciones interpersonales por la mediación de la era de la hiperconexión y los riesgos a los que estas tecnologías, los videojuegos y la presión sexual entre los adolescentes de hoy someten, para preocupación de padres, pérdida de dignidad de los jóvenes y mina moral de occidente. Una película de clamar al fin de los tiempos por cómo los chicos se comunican más por whatsapp que en persona. Dicen que la demagogia es tan terrible que se pasa a la, sí, caricatura, en esta cínica comedia satírica que parece no todo el mundo ha visto así. Un poco como Susanne Bier con En Un Mundo Mejor o la Disconnect de Henry Alex Rubin. En el tráiler sale un decadente Adam Sandler primero pidiéndole sexo a su mujer y luego llamando a un servicio de escorts en lo que parece una escalada del conflicto matrimonial. Hay una imagen promocional en la que vemos cómo uno de los personajes teclea “just feeling so alone and empty”. Elegante, Reitman.

La Jungla Interior: se repite en todas sus críticas: La Jungla Interior es una experiencia. Una experiencia audiovisual, con como dicen, potentísimas imágenes de embarazo y que trabaja una áspera aproximación a ciertos aspectos de la paternidad mediante un juego de codificaciones lingüísticas. Juan Barrero, uno de los mejores documentaristas de este país (no hace tanto vimos encantados la entusiasta y apasionada compilación de archivos de la España machista en el cine en La Pata Quebrada) y Luis Miñarro (productor arriesgado donde los haya) nos traen cine de recursos cifrados por y para críticos con ansia de psychowanking. Mucho primer plano y una mujer con traje de musgo. Bosque y trauma.

Sí, en esta casa tenemos unas ganas tremendas de ver tanto Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1 como Big Hero 6. Ya queda menos.

Detrás del juego: Beautifun Cut: Xabier Pou y Marina Amores siguen durante largas jornadas de trabajo y entrevistan con mucho amor a creadores de la industria española del videojuego como a Josué Monchán de Pendulo Studios, a Ricardo Lázaro de The Vault, a Francisco Téllez de Unepic o a Tatiana Delgado de Gameloft, entre otros. Hay más público del que pueda parecer a priori interesado en saber cómo está el mundillo (el volumen de comentarios positivos en la página de youtube es apabullante), y compilar consejos, predicciones y perspectivas generales del estado de la industria actual y futura. El documental debería funcionar como pequeña crónica del día a día dentro de los estudios y también para mostrar cómo quienes se dedican a este sector viven el ser un desarrollador de videojuegos más como un estilo de vida que como una inversión laboral (en parte por ser un trabajo creativo muy exigente, más contando con las particularidades de desarrollar esta industria en España). Una cosa muy sencilla y básica, pero no por ello menos necesaria. Dos datos: más de 300 millones de euros de facturación nacional en el pasado año en este sector de la economía y, tarán, más de la mitad de las empresas de aquí aseguran tener problemas a la hora de encontrar trabajadores especializados en cada ámbito del proceso.

Banksy Does New York: Chris Moukarbel, el documentalista del hagiográfico retrato sobre Chris Crocker (AKA Leave Britney Alone) que logró en Me at the Zoo se presenta ahora en uno de los documentales especiales perpetrados por HBO con una crónica sobre el agitprop en 30 monodosis que llevó a cabo a lo largo del mes de octubre del año pasado en la ciudad de Nueva York el creador más odiado por los de bellas artes y también con mayor repercusión gracias a los telediarios de medio mundo. No será un juego tan interesante como el propuesto por el mismo Banksy en Exit Through the Gift Shop, pero al menos tendrá tratamiento de la viralidad de los nuevos medios, gamificación del espacio urbano, camiones de granja de los que salen peluches que chillan como animales camino del matadero, declaraciones naifs acerca del significado de las obras, desconcierto general e histeria colectiva desatada entre los fans y los cazadores del esquivo Bansky. O deberíamos decir de la esquiva Bansky… En esta pieza se especula sobre la posibilidad de que el supuesto autor sea en realidad una autora, o incluso un amplio colectivo de artistas presidido por una mujer. Lo cierto es que no son ideas para nada a descartar.

¿Al final viste el especial de Red Bull Music Academy sobre la música de los videojuegos, Diggin’ In The Carts? A mí se me quedó pendiente y es un momento tan bueno como otro cualquiera para rescatarlo.

Ikea Dream Makers: Cristian Robles relata la historia de Caleb, que se encuentra un buen día al señor Ikea y le lleva a la fábrica en Suecia donde le enseña cómo se hacen todos los productos de esta empresa trasnacional y plurisignificante. Si nos guiamos por las críticas, hay algo de pesadilla posmoderna de trazo grueso y mucho de estética que mimetiza demasiado a sus referentes, pero que nos pone en aviso ante un autor que ha sabido destacar sobre la media de autores de estilo fanzinero y que ofrece con Ikea Dream Makers 48 estimulantes páginas bitonales de ese arte secuencial con pose radical que tanto nos llama siempre.

L’Amour: son todo buenas palabras ante lo nuevo de Joann Sfar, toda una eminencia del cómic europeo y un autor que practica el jazz narrativo y formal. Aunque hay quien asegura que estuvo más redondo con Vampir, su anterior obra y preludio de lo que se nos ofrece en L’Amour, dicen que la continuación de aquella comedia de situación, con un cambio de registro y de protagonista principal, es exquisita. Con mucha agitación amorosa, personajes entrañables y, a pesar de lo socarrón, del tema y las referencias del universo vampírico que el autor saca a relucir, incluso del fatalismo de la obra pogromo mediante… un joie de vivre humanista e iluminador. Con esas viñetas, confiamos.

¿Por qué manda Occidente… por ahora? de Ian Morris: si la historia, o la interpretación de ciertos hechos de la historia, en teoría nos sirve para saber quiénes somos y a dónde vamos, no hay, dicen, mejor ejercicio histórico que el de libros como este. Remontándose 16.000 años atrás en el tiempo, siendo exhaustivo con las referencias, riguroso con los datos y poco académico en la jerga comentan que este analítico pero entretenido ensayo nos explica las idas y venidas de lo civilizado en la historia de la humanidad y los problemas a los que nos llevará el haber sobredimensionado la importancia de eso que llamamos progreso, de especial gravedad a partir de la primera revolución industrial. Se cuantifica el progreso, se hacen predicciones catastrofistas, se habla de una visión mecanicista de la historia y de una teoría unificada de la misma. A veces imbuirse en un mar de datos por un tiempo permite levantar la cabeza después y ver el mundo desde una nueva perspectiva.

Teoria King Kong de Virginie Despentes: sé de unas cuantas personas que me colgarían por no haber leído todavía este libro. “Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las insatisfechas, las que nadie desea, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena mujer” dice la directora de Fóllame. El libro analiza la predisposición femenina al masoquismo en tiempos de capitalismo, el chantaje del trabajo asaladiaro tradicional e interpreta de manera propia el significado de la heteronormatividad. Además de arengador, enervante por lo polarizador y reduccionista y, dicen también, cómplice del régimen en última instancia. Hay gente que al terminar el libro comenta que que retuerce demasiado las construcciones culturales de género para al final valerse de los mismos mecanismos que critica y no aportar nada. En cualquiera de los casos, uno de los libros más populares del postfeminismo actual debería ser una lectura provechosa.

Shelter 2: en la primera edición eras una madre tejón, y ahora eres una madre lince cazando ciervos para dárselos de comer a tus cachorros, luchando contra el duro medio de un clima helado y una naturaleza salvaje que sortear para preservar la vida de tus hijos. Es decir, eres lo más enternecedor del mundo. Mecánicas más complejas en mitad de una tundra más grande que aquel bosque que poblaba el tejón y sus cobayas, pero manteniendo esa paleta de color acuarelada y estilo minimalista japonés que Might And Delight ofreció en su predecesora.

Neverending Nightmares: nos vuelven a ganar por el estilo, ahora con un modesto entretenimiento de exploración de horror más encantador que macabro o terrorífico. Para jugar a Neverending Nightmares hay que saber tener paciencia, un gusto por los detalles visuales y un alto nivel de tolerancia a la frustración (aunque ha gustado a mucha gente, nadie deja pasar que el resultado es repetitivo y limitado). Como mínimo, el dibujo-ilustración dinámica a lo Edward Gorey y la cara de palo de su protagonista nos entretendrán.

This War of Mine: qué decir de This War of Mine a parte de que tiene una buena pinta impresionante. Para este point and click de 11 Bit Studios (los de Anomaly) que comparan con el reciente Gods Will be Watching, en vez de un soldado provisto de un buen armamento con el que matar a enemigos, eres un grupo de civiles en mitad de un conflicto bélico a los que se les prohíbe salir de la ciudad sitiada, y deberás tomar más pronto que tarde esas decisiones cruciales que supondrán la vida o la muerte de los figurantes de esta historia. Sí, como una especie de juego de supervivencia zombie pero sin cinemáticas, objetivos, recompensas claras… es decir, algo más cercano a la experiencia real. Ah, y con una estructura de la pantalla por viñetas a lo Rue de Percebe muy resultona.

Vale, sí, es verdad. Seguiremos viciando al Shadow of Mordor.

Cerramos, cómo no, con una breve selección musical de grandes novedades. Indie tradicional, drone, hip hop, nerd rap, post-rock, mucho electro… en fin, unos cuantos y variados postes para aguantar el ocaso de las cinco y media, seis de la tarde. Y créeme, si no lo consiguen Lone, Run The Jewels o las potentísimas Ex Hex, no lo consigue nadie:

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