Respire: las muchachas magnéticas

junio 4, 2014

Charlie se ahoga de madrugada sola en su cama mientras en la habitación de al lado sus padres discuten con argumentos que esconden luchas de poder. Charlie se ve obligada a sacar el ventolín que le de ese chute que necesita para sobrellevar el conflicto y, sin embargo, el gesto con que lo hace es tranquilo, más de quien vive su rutina que de quien maneja un trauma. Su padre a la mañana siguiente, de quién no vemos su rostro hasta que está a la altura física de nuestra heroína, le ofrece un desayuno que suena más a obligación que parte de una autoridad que a una, como dicen las palabras del varón, preocupación del mismo hacia la salud de la chica. El padre se va sin dejarnos señal de si volverá o no y las promesas que le hace éste a su madre y su madre a su vez a Charlie son la nebulosa de mentiras y verdades que se intercambian los sujetos dentro de cualquier relación tóxica. Sólo hay una cosa de la que no nos cabe duda: el padre es culpable y su madre una idiota.

Nietzsche, la cultura occidental y un foro de discusión en clase sobre las diferencias entre el Mundo Sensible y el Mundo Inteligible o Racional que con mucha inteligencia analiza nuestra protagonista ante las preguntas incisivas que les hace la profesora a los alumnos, es el reflejo de una de tantas mañanas dentro de la vida de esta adolescente, a punto de terminar el instituto. Al caminar de regreso a casa junto a su adoptada Victoire, sin embargo, notamos el cambio de pulso que son sus días, esa dualidad que vive la joven entre deber comunitario y juicio público mientras en casa se pudren los esqueletos en el armario. Pero esto es lo que explotará sin remedio cuando aparezca un torrente de perverso narcisismo y deseo carnal encarado, aquí, en una persona de personalidad magnética. Sarah, estudiante recién transferida, necesita un apoyo que le haga de trampolín para poder ejercer su liderazgo y encajar en ese nuevo ambiente. Charlie y su pasividad, mimetizada de la figura de su madre, busca desde siempre un norte sentimental donde poder anularse. Todo estaba predispuesto para que el encuentro funcionase entre las chicas, y éstas acaban compenetrándose muy rápidamente. Lo vemos en las cenas, en la primera fiesta de pijamas, en las vacaciones juntas con la familia de Charlie, en las noches de discoteca y también en esas llamadas interminables todos los días.

Degeneración es transformación de la energía positiva a una destructiva, y el dominio en este continuo y sutil baile de violencia, de actos desesperados por agredir el sentimiento de una Charlie que se ahoga, es la especialidad de quien recibió las nociones básicas de sometimiento del más débil para lograr la simple supervivencia. La historia de una amistad libre y feliz que deriva en una sucesión de intercambios que son ataques, de diálogos que son puñaladas. Sarah danza exultante en todos los ámbitos (su encantamiento es verbal, visual, sonoro) para nosotros con su cuerpo de zorra al servicio del poder simbólico que por derecho propio en el estatus quo le corresponde mientras Charlie, la triste, sólo puede soñar con ser la elegida por esta diosa colectiva. El campus, mientras tanto, hace lo que buenamente puede, pero los cimientos, los tics heredados y el tabú son fuerzas de la naturaleza casi tan firmes como ese Mundo Sensible que mencionábamos antes. Y el espíritu de Apolo otea un desenlace que le complace.

Respire es la adaptación de la breve y brutal novela homónima de Anne-Sophie Brasme sobre el tenso juego entre afecto e intimidad corrosiva. Está dirigida por Mélanie Laurent y cuenta también con Julien Lambroschini en el guión. La directora, que había hecho previamente un filme de una pompa sentimental totalmente innecesaria se redime de su error perfeccionando su estilo y ahondando en ese interés por las relaciones, estudiando aquí a las que son destructivas. Las mujeres insulares y la estética de Sofia Coppola (también muy pegado en esto al Martha Marcy May Marlene de Sean Durkin o a los guiones de Bryan Elsley) y el desconcierto emocional de Wong Kar Wai se encuentran con esta relectura de Carmen como conversación sobre los estados del amor, del odio y de la pasión que desatan ciertas féminas terribles en nosotros. La disposición de los planos sobresalen en una edición especialmente acertada que se mueve entre lo contundente y lo mareante (las muy subjetivas zozobras entre pieles adolescentes indefinidas se mezclan con unas tomas muy abiertas de alegato artístico tirando a objetivo), y sus transiciones entre secuencias que discurren lógicas y vivas. Hay incluso, una composición del ambiente sonoro que sabe potenciar la contextualización emocional con la elegancia que merece, a estas alturas, este arquetipo tan clásico (recordamos My Summer of Love de Pawel Pawlikowski o La Naissance des Pieuvres de Céline Sciamma; también, por supuesto, La vida de Adele de Kechiche, con la que compararán hasta el hartazgo). Pero la falta de pretensiones y el mimo con el que consigue embellecer los momentos donde flojea (ciertos agujeros en el guión, un ritmo que a veces se tambalea) es lo que hace que esta película luzca, sin sospecharlo, como una joya bien labrada que, en caso de que llegue a nuestro país, no puedes perderte.

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One Comment

  1. […] nada que envidiarle a otras de mayor peso mediático. Respire, la película que elegí, de la que también os hablé aquí y de la que comprenderéis estoy algo cansada de hablar, ha contado con la única proyección de […]

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