Pensamientos mágicos de la era moderna

abril 17, 2014

Que somos esclavos del pensamiento supersticioso y de generar sentido, que con tres comentarios fortuitos somos capaces de formar patrones y sincronicidades en nuestra mente no es ninguna novedad. Que la tendencia a asumir significados ocultos en las configuraciones aleatorias y a insistir en una determinación causal de las coincidencias no es sólo síntoma de devoradores de teletienda y hogareñas personas sobreexpuestas a la publicidad estética y que leen Muy Interesante… también. No, el pensamiento mágico afecta a todas las psiques, en mayor o menor medida, pero lo significativo es la velocidad que cada uno tiene para apretar el gatillo del juicio y prescindir de su capacidad crítica para, en muchos casos, ya no ir a contrastar fuentes e informarse (sería imposible), sino simplemente de admitir que hay un millón de temas de los que no tenemos ni tendremos nunca ni idea. Ni las impresoras 3D son “el futuro” ni lo de Crimea son Rusia y Estados Unidos pujando por la ruta de la seda. No, la realidad es compleja, mutante y demasiado aleatoria para que en el fondo podamos saber la verdad, pero si hacemos esto es porque incluso después de todo este tiempo somos unos esclavos de nuestra necesidad de generar relatos, de interpretar el mundo mediante ficciones. En el fondo no pasa nada, los seres humanos llevamos milenios haciendo esto.

Con todo y con ello es fascinante la forma en la que las diferentes personas elaboramos estas relaciones con los discursos, los diferentes cientificismos a los que nos acercamos, las diferentes palabras que a unos se les escabullen como motas invisibles y para otros son como la seductora luz de la bombilla para una polilla. Aquí va una lista no de las más importantes, no las más precisas (hay elementos que aparecen en esta lista ni siquiera forman parte de ese pensamiento mágico que da título al texto, pero sí lo colindan) sino las expresiones o recursos que me encuentro y que me interesan. Que veo en mí y en el Internet que me rodea, y que por ello me molestan con mayor énfasis.

No tienes ADHD

He visto dos formas de reaccionar ante un artículo largo cuando se lo pasas a tus contactos: que te suelten un tl;dr o que te digan que tienen déficit de atención (ADHD en inglés, TDAH en sus siglas en castellano). Te cuentan que son incapaces de mantener la atención más de dos minutos (si llega) ante cualquier tema. Que siempre han sido nerviosos. Pero que los hábitos de lectura hayan cambiado con la llegada de Internet y ahora puedas elegir entre un millón de temas a un clic de distancia y te hayas visto afectado por esto no es sinónimo de que tengas un trastorno mental. Tu conducta impulsiva y perezosa, más amiga de 9 Gag y del titular nichodirigido habla más de tu falta de voluntad, de tu desgana para no hacer el esfuerzo mental, y eso es peligroso. Cuando acostumbras a tus procesos cognitivos a la gratificación inmediata y a los filtros de noticias sesgados tan cómodos para tu cerebro contribuyes a liquidar el pensamiento divergente. Es uno de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos como consumidores online (otro muy grande sería el de los groupthink, la filter bubble y la distancia ideológica y emocional con la que te topas cuando saltas a una realidad ajena a esos círculos). Hace poco un amigo me dijo que no pensaba perder 7 minutos de su vida leyendo un artículo largo sobre un tema que no le interesaba. Y lo dijo como si fuese lo más normal del mundo. Pero si lo pensamos hay poca distancia entre quien se tira la tarde leyendo sólo textos autoindulgentes y mira Tumblrs meneando el scroll y quien se la pasa viendo telerrealidad y anuncios. Es posible que lo hayas notado, cuando estás un par de horas buceando en ese modo terminas por sentirte improductivo, sucio. Es como si se activase un rango mental de pensamiento plano. Y salir de la espiral es complicado, pero hay que hacerlo, y no es imposible. Se explica muy bien en este artículo: el problema de esas dinámicas no es Internet, eres tú.

Pero volviendo con lo de antes: maticemos. Sí que hay gente que tiene ADHD. Las psicopatologías son reales y se tratan. El problema, también, es la desfachatez de quienes se etiquetan así sin habérseles diagnosticado este trastorno por parte de ningún especialista. Vivimos en tiempos de cómodo y rápido autodiagnóstico y que levante la mano quien no conoce a alguien que es “un poco bipolar” o quien no ha buscado sus síntomas en Internet y ha acabado viéndose reflejado en un cuadro psicológico de desviaciones y patologías varias. Pero así como llevamos toda la vida conociendo a alguien que tiene depresión (cuando más bien la cosa es que está algo depre) y gente con paranoia megalómana de un tiempo a esta parte el mundo se ha llenado de gente que dice que tiene OCD o déficit de atención, cuando estadísticamente es más probable que tu amigo sea simplemente un poco maniático o algo desinteresado.

No estás activando tus neurotransmisores

O mejor dicho, sí, pero en realidad no tienes ni idea de cómo funcionan. Ni cuando estás haciendo ejercicio estás elevando tus endorfinas y con ellos tus niveles de dopamina ni cuando estás un poco depre es por tus bajos niveles de adrenalina. No, tampoco tus migrañas se dan por comer poca carne y que te falte serotonina. Es una pena que modificar tus estados anímicos no pueda conseguirse mediante una receta casera, que no hayamos sido capaces de aislar las hormonas como elementos fácilmente destilables de nuestras actividades diarias. Añadiendo un poco de frutos secos y haciendo un par de clases de yoga a la semana. Y es que como dice Roger Gillemin “una hormona es cualquier sustancia que liberada por una célula actuase sobre otra célula, tanto cercana como lejana, e independientemente de la singularidad o ubicuidad de su origen y sin tener en cuenta la vía utilizada para su transporte, sea circulación sanguínea, flujo axoplasmático o espacio intersticial”. Vaya, eso deja de ser tan apetecible como fiarse de imagen que encabeza este epígrafe.

Enhorabuena: eres INTJ y no tienes nada que ver con toda esa gente

Siempre es cómodo pensar que hay arquetipos de personas, estancos y absolutos, más cuando son un total de 16 tipos en grupos dicotómicos, con categorías mutuamente excluyentes (ergo falso dilema) y con comportamientos propios asociados a cada una de sus tablas. Pero no, el Indicador de Myers-Briggs no es científicamente válido y lo que consigue es un alto índice de error Cum hoc ergo propter hoc: que correlación no conlleva causalidad. ¿Has oído hablar del Efecto Forer? También conocido como Efecto Barnum o falacia de validación personal es aquel por el cual las personas tenemos un alto índice de identificación a descripciones sobre nuestra personalidad y esto podría no ser nocivo siempre y cuando no nos lo tomemos en serio. El peligro de las personalidades de Jung, también, es que llevan décadas siendo empleadas por agencias de negocios, instituciones educativas, procesos de selección, dinámicas de grupos, capacitación de personal, desarrollo de capacidades de liderazgo, análisis de comportamientos de mercado, asesoramiento matrimonial, escuelas de coaching y resto de microuniversos. Y utilizan esos resultados para asignarte un valor, una categoría, un rango o como ellos dicen: una adecuada orientación laboral con respecto a tu personalidad. No es sólo que no sepan interpretar los datos en torno a estos mucho más complicados análisis psicológicos, tampoco que el valor de este test sea en el mejor de los casos algo ínfima, es que son de obligada realización. Estas instituciones te fuerzan a hacer una medición de tus rasgos personales (es decir, rasgos identitarios privados) para asignarte una estimación inherente, congénita. Y eso, al igual que tu coeficiente intelectual, no dice nada sobre ti, pero que lo emplees como símbolo distintivo sí lo hace (no lo digo en broma, hay gente que se organiza y discute aspectos absolutamente mínimos de su vida en torno a las personalidades de Jung). Una de las cualidades del wishful thinking es que lo producimos para resolver los conflictos entre creencia y deseos y si tienes un resultado un poco por encima de un baremo que, en teoría, mide la inteligencia de las personas u otro que te dice que eres “especial”… ¿cómo no vas a creerlo?

Hacer balance de tus Kilocalorías no te hace más equilibrado

Vale, el recuento de calorías lleva con nosotros muchas décadas para que lo anunciemos ahora como novedad, pero es fascinante cómo seguimos bastante empeñados en guiarnos por su confortable seguridad sobre cómo calibrar nuestro cuerpo. Y el fenómeno no se limita a las calorías, estas son sólo una parte de esa dimensión que consiste en cuantificar tu control físico. Aquí podemos recordar las dinámicas de ejercicios, los inventarios de workouts, sesiones, el crossfit, las rutinas. Los batidos de proteínas o las apps que te hacen celebrar como si fuese un juego los achievements que registras en tus marcas diarias. Hazte los AMRAP ASAP y encontrarás una tranquilidad que sólo es liberación via extenuación.

Goles medibles, esquemas de comportamiento, rituales que te reportan recompensas en pequeñas dosis y cuya delegación de control (lo haces y punto) te permite el placer de la irresponsabilidad y ausencia de pensamiento crítico. Un acto que exhibe una devoción excesiva hacia algo (en este caso la perfección física) mediante técnicas de control diseñadas para lograr tus objetivos y que pueden acarrear, hasta cierto punto, consecuencias negativas. Sí, efectivamente, es una posible definición del comportamiento gregario, del sectarismo y de la religión. Claro que uno de los tipos más sanos de religión que encontraremos, pero nunca está de más recordar que esa precisión numérica de series abdominales o la medición exacta de tu ingesta calórica no te convertirá, en último término, en una persona con mayor autocontrol que ese chico con sobrepeso que se sienta a tu lado en el metro. Puede parecer tontería recordarlo pero no lo es.

No es CT todo lo que reluce

El libro CT o la Cultura de la Transición, que utilizaba como excusa las reacciones de rechazo que se dieron en la sociedad y en diversos estratos de la política y los medios de comunicación hacia el fenómeno 15-M, servía como prefacio para descubrir un concepto que, aunque auténtico, no es infinito.Una brevísima definición de este término descubierto por el periodista Guillem Martínez sería la de relegamiento perpetuo de la historia en aras de la política, que no la paz social. “El 11-M de 2004 fue, de hecho, un día normal para la CT”, “durante la década de los ochenta tendió a diluirse, por parte del escritor, la ‘generalizada incompatibilidad’ para con un ‘Estado cuyas empresas nunca llevó a ver del todo claras’”o “la CT se asegura siempre el monoplio de los temas y los enfoques” son algunas de las citas que en el manual podemos encontrar. Pero esa necesaria revisión histórica no anula que la preservación del status quo, la costumbre de tender hacia la tradición frente a lo nuevo o el gesto de evitar la problematización frente a un posible progreso… no es una cualidad connatural ni exclusiva de la política española, de la misma forma que cualquier comportamiento rancio no es intrínsecamente “cuñado”. Que a las corrientes más críticas de cualquier realidad política se las intenta acallar es algo que ocurre en cualquier país, y el framing periodístico es una herramienta de manipulación que se estudia en todas las escuelas de periodismo del mundo. De lo difícil de manejar el concepto deriva que cada vez que algo nos resulta retrógrado en el panorama político nacional, o cada vez que vemos a alguien llamar a la “paz en lugar de la crispación social” de alguna forma se nos salta la alarma CT y ahí aparece el concepto. Con la muerte de Suárez nos hemos encontrado con un festival de opiniones sobre lo alargada de la sombra de la cultura de la transición en torno a su figura. Uno de los referentes más indicados, sí, pero el uso de la expresión no se reduce a estos casos. Una búsqueda rápida en Twitter me da los siguientes resultados: “La Cultura de la Transición marca los límites de lo que se puede hablar y de lo que no. Lo de hoy, CT a tope. #queremosvotar”, “Alaska amiga de Losantos, Loquillo vota C’s y Ana Torroja condenada por fraude fiscal. Y dicen que la Movida era la cultura de la Transición”, “Alabar a los ciudadanos que hacen cola para ver un cadaver y criticar manifestaciones. Loa a la mayoría silenciosa. Cultura de la transición”, “La información sobre la llegada de los Reyes Magos y dialéctica posterior es algo así como ‘La Cultura de la Transición para Torpes'”, “Lo de que TVE haga un informativo de ficción religiosa es muy cultura de la transición” . Y en combo: “Ah, y otra cosa: hasta la pollísima me tenéis con el concepto “Cultura de la Transición”. CUÑAOS, que sois unos CUÑAOS”. En fin: cautela.

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2 Comments

  1. diego dice:

    Maravilloso. Solo me gustaría puntualizar que en español se traduce ADHD como TDAH, puestos a hablar con propiedad. Personalmente detesto a la gente que sostiene que no existe o se cura con dos “hostias a tiempo”, me alegra que tú no vayas por ese camino.

    Lo más asqueroso es la gente que dice ser Asperger cuando lo que es es borde y creída (de esto tiene la culpa el fenómeno TBBT), algo que entronca con la glorificación de la llamada incorrección política, tema sobre el que también me gustaría leer tu opinión.

  2. Flamenca Stone dice:

    Hola, Diego. Ahora corrijo para que quede claro lo de ADHD – TDAH.
    Sobre lo de la corrección política no creo que pueda opinar así en general, para mí que depende demasiado del caso.
    Y sobre el enaltecimiento popular de lo Asperger, que también he visto algún caso, digo lo mismo que con el resto de autodiagnósticos: está feo y perjudica/molesta a los que sí que lo padecen de verdad.
    Un saludo y muchas gracias por comentar, de verdad 🙂

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